viernes, 13 de febrero de 2015

EL PARO DE MODELOS  (anécdota)

Donde se cuentan las consecuencias de un paro de modelos en una clase de dibujo y el impacto que provoca un hombre desnudo.

Hace unos días me encontré con mi amiga Daniela y recordamos nuestros años en la Prilidiano Pueyrredón , aquella conocida escuela de Bellas Artes que ya no existe, sí el edificio que ahora es una sede del  IUNA. Nos acordamos de un episodio en particular que nos hace reír y hablar largo y tendido sobre las costumbres educativas en esa escuela y de muchos temas asociados a nuestra adolescencia : como el conocimiento del cuerpo.
Segundo año de Bellas Artes. 1986. Tres años de la vuelta a la democracia. Clase de dibujo con profesor temido por la mayoría de los alumnos. ¿El motivo? Nos hacía pasar unos calores tremendos, paseaba todo el día por la sala silenciosa- ya que cada uno estaba dibujando en su tablero- casi sin hacer ruido, y con voz firme y elevada hacía comentarios del siguiente tenor: - ¡Arreglá esa mano que parece un guante! ¿ y vos cómo pasaste el curso de ingreso ?: ¡no sabés dibujar! Y frases por el estilo. Me acuerdo de una compañera – que después abandonó la escuela- llorando de escuchar a viva voz: ¡ dibujás muy mal! ¡Te equivocaste de carrera! A veces nos preguntábamos, antes de entrar a clase de dibujo, a quién le tocaría hoy recibir las críticas feroces. Lo cierto es que nadie que recuerde, le paraba el carro. Se decía que era un artista consagrado y excelente docente y supongo que eso tenía un peso en nosotros, además estábamos acostumbrados a no discutir con un profesor, nuestra educación en gran parte se había desplegado en tiempos de dictadura donde “el silencio es salud". Habría seguramente cursos menos sumisos. De vez en cuando el profesor elogiaba trabajos, pero en voz baja.
En segundo año de Bellas Artes se acostumbraba dibujar “figura humana con modelo vivo” que venía a significar: “desnudo” o desnudo con modelo”.
Luego de haber dibujado en primer año naturalezas muertas (frutas, etc) y con la ayuda de un espejo: ojos, nariz, boca, y sin él: manos, pasó que nos encontramos en segundo con la novedad de dibujo con modelo humano vivo y desnudo. La modelo era una mujer, Ema, de unos 60 años. Muy robusta, con grandes senos y abdomen prominente. Tenía una expresión melancólica y a veces- en las poses recostadas- dormitaba. En las poses de sentada, nos pedía descanso y ni hablar en las de pie. No puedo detenerme en todas las sensaciones que sentí al ver el cuerpo desnudo de Ema y la incertidumbre sobre si podría dibujar en el gran papel todo aquello de la manera más realista posible, esa era la consigna, porque demoraría mucho y se me va la anécdota en cuestión. Tras estar dibujando meses a Ema y conocer cada parte de su cuerpo, pasó que fue asignada a otro curso. La reemplazó un modelo varón. Pero él no estaba desnudo, tenía slip. Verde. Daniela dice que marrón. Pero ambas coincidimos en que siempre era el mismo slip y medio raído. Algunos comentamos soto voce por qué el modelo varón no estaba desnudo y la mujer sí, pero no dijimos nada. En mi caso, me daba tanta adrenalina enfrentar la tarea de dibujar un cuerpo real ( siempre había dibujado sin modelos) que ni pensaba en un agregado más de la anatomía .
El modelo era flaco, llovido, un tanto desgarbado y su actitud era de cero onda con su trabajo, como si lo hiciera a su pesar, con cierto aire de resentimiento. El rostro era más interesante para dibujar que su cuerpo, de nariz grande, con el hueso marcado, ojos y boca grandes también. Después de dibujar tanto a Ema, dibujar un torso sin relieves daba al dibujo un aspecto de no acabado, sólo líneas definiendo el contorno, una silueta.
Pero pasó que un día Slip Verde no vino porque se adhería al paro de modelos. José -uno de los pocos hombres que había en el curso – propuso contratar otro de manera privada. El martes siguiente llegamos todos y ocupamos nuestros lugares. Dibujábamos parados, frente al tablero de un metro ochenta aproximadamente, sostenido en un caballete. Formábamos dos hileras paralelas a los lados largos de la sala. En el medio quedaba un pasillo, por donde pasaba el profesor. Los que no veían bien a larga distancia se acomodaban adelante, pero no sólo por ese motivo, también por gusto personal. Ese día llegué cuando ya estaban ocupados mis sitios habituales: los tableros del fondo; los elegía porque no me gustaba dibujar a la vista de otros; siempre dibujar para mí había sido un acto privado y me quedaban costumbres de la época anterior a bellas artes. Esta vez me ubiqué en el centro, más bien cerca de los primeros tableros, cerca de donde se ubicaría el modelo. Sólo ese detalle espacial me provocaba ansiedad. Elegí mi tablero y salí del aula hasta la proveduría de materiales del primer piso a comprar una hoja.
Vuelvo al aula. Veo al profesor. Luz. Los tableros no me dejaban ver a mis compañeros, pero sí veo con el rabillo del ojo al modelo, sólo parte de su silueta de espaldas. No enfoqué la mirada hasta llegar a mi lugar. Lo veo. Estaba desnudo, sin slip. El dato me llamó la atención y de inmediato pensé: qué difícil dibujar todo eso. Y “todo “no es sólo una manera casual de hablar, sino que alude a las proporciones de su miembro. Mientras ponía las chinches a la hoja para ajustarla al tablero pensaba: ¡justo hoy estoy adelante! Miré a mis compañeros y todos trabajaban en silencio. Gabriela tenía la cara colorada. Soledad reprimía la risa mirando cómplice a Lilian. Y el profesor, ayudado por un puntero, daba indicaciones sobre el cuerpo del modelo, sugiriéndonos cómo abordar la tarea. Mi amiga Daniela estaba primera, al lado del modelo, para variar sonrojada, roja como tomate, seguro que con gotitas de sudor en el bozo. Con voz de súplica, pero firme, le dijo al profesor que tenía interés en dibujar el rostro del modelo en vez del cuerpo entero, aprovechando su cercanía. El profesor picó y le dijo que sí. Por un momento pensé en emular a Dani, pero yo no estaba tan cerca y para hablarle al profesor tenía que estar motivada por algo muy justificado, más o menos del tipo: profesor, se le está cayendo el techo en la cabez… plaf!!!
La técnica del día era “aguada” , no me gustaba. Consistía en preparar en vasitos una mezcla de agua con distintas cantidades de tinta negra, con lo que se obtenían distintos grises; con pincel y trapos o esponjas, se aplicaban al dibujo ya contorneado o – los más osados o seguros- directamente al papel. A mí me salía bastante mal, siempre se producían chorreaduras incontrolables. Otras veces estaba conforme ni bien terminaba de aplicar la tinta, pero había que conocer bien el efecto de secado sobre el tono, de lo contrario podía suceder que el dibujo tuviera buen aspecto estando mojado, pero al secarse, la tinta se aclaraba y el dibujo casi desaparecía .Era horrible la sorpresa al venir del recreo y decir: ¿y dónde están las sombras? ¿y el brazo?. Y encima con el temor agregado  que el temido profesor te lanzara uno de sus dardos verbales.
Con todas esas tensiones en mi cabeza empecé a dibujar. Estaba bastante conforme con la estructura de líneas, se parecía bastante a un cuerpo masculino. Este modelo no difería mucho de Slip verde en cuanto a masa muscular, su cuerpo no tenía mucho carácter digamos, por lo que su dote sobresalía aún más. Estaba parado con un suave quiebre de caderas opuesto a la pierna en descanso, la pose se conoce como contraposto y es muy frecuente en esculturas grecorromanas y sus descendientes en la historia del arte, el David de Miguel Ángel por ejemplo. Un brazo estaba en posición de jarra, el correspondiente a la pierna firme, donde se apoyaba el peso del cuerpo y el otro laxo, del lado de la pierna en descanso. Era un verdadero contraposto, que deja ver un cuerpo en plenitud sin esconder nada, en actitud de: aquí estoy yo. Y ahí estaba él. No supe su nombre. Eso era bastante común, el modelo era como una manzana u otro objeto, no hablábamos con ellos (salvo con Ema) y los profesores manejaban su cuerpo para elegir poses o los rozaban apenas con un lápiz para señalar partes de su anatomía. Supongo que algo así debe pasar en la carrera de medicina, esto de entender los cuerpos como medios y de abordarlos con todo un bagaje de preguntas para obtener ciertos conocimientos. No quiero decir que un estudiante de arte o un artista no tenga empatía con sus modelo, digo que en esas circunstancias que cuento (obligación de dibujar mostrando avances, profesor temido, primeros dibujos de cuerpo entero, técnica difícil) estar relajado frente al modelo era muy difícil. Además estaba el agregado del miembro descomunal, le llegaba a la mitad del muslo o más, según Daniela. Me río ahora pensando si le hubiera dicho aquél día al profe de dibujar el retrato del miembro solamente.
Mientras dibujaba empecé a oír un chistido muy débil que venía del fondo, miré y nada. Otra vez, más alto. Era María, una compañera de Misiones de tonadita cantarina. Había venido de su provincia sólo para estudiar en la escuela. No éramos amigas, pero a veces charlábamos.   Era rubia de ojos celestes achinados, rasgos que motivaban  todo un relato sobre etnias acrisoladas en Misiones hasta llegar al tema de las” adopciones ilegales “( resalto con comillas por el contrasentido: si es adopción es legal) por la abundancia de niños rubicundos en esa provincia. La que me chistaba sin parar -chistido obsesionado como aquél corazón delator de Poe- era ella. Me acerqué hasta su lugar, ella tenía un gesto ambiguo de tensión entre estar indignada y pudorosa (tenía los cachetes rojos). Me señalaba su dibujo. Cuando lo miré me sorprendí primero y reprimí una carcajada. Había dibujado todo el cuerpo del modelo menos los genitales. Imaginen todo un paciente recorrido de líneas bien visibles detallando rasgos faciales hasta uñitas de pies ,y de pronto las líneas se interrumpen y hay un gran espacio blanco. ¿Qué pasó? Le dije. -¡Estoy indignada, hay que quejarse de esto, es una falta de respeto, estar con los órganos al aire adelante nuestro!  Pero ella no decía “ los órganos” sino que hablaba aspirando unas letras y la frase sonaba : “ lo´ jórgano”. Yo no podía hablar mucho, estábamos en plena clase, el profesor paseándose por los tableros. Entre risas le dije: – olvídate que es una poronga y pensá sólo en la forma, acordate de Cézanne, mirá la geometría de las formas, pensá que es de yeso ( porque antes copiábamos esculturas de yeso , réplicas de obras canónicas como los esclavos de Miguel Ángel). Pero ella estaba dislocada de la clase, del aula, de las dificultades de dibujar del natural, no veía a un modelo, veía a un hombre en bolas y ostentando lo´jórgano. Corregí poronga y le hablé de genitales, ya que órganos me sonaba a riñones y poronga era muy sexual. Volví a mi tablero y empecé con la aguada. Resultado aceptable. Justo cuando unos gotones de tinta oscura empiezan a chorrear sin mi permiso se acerca el profesor á mí. Hasta ese momento no me había tocado en desgracia algún comentario lapidario. Las chorreaduras partían del abdomen y se posaron sobre las líneas del pene, resultando constreñido por dos líneas casi rectas. Resultado espantoso. Y lo vio el profesor. Y me lanzó con un tono grave, elevado, pendenciero y exasperado: – ¡Arreglá esos genitales, por favor! ¡Parecen un palo de escoba!  Y yo: – sí, sí (riendo nerviosamente) es que me chorreó la tinta y… ¡ Mala técnica querida! ¡No conocés la técnica!. Y se fue. Al instante pasé a formar parte del subgrupo “rojo tomate” . Reprimí la ira provocada por sus palabras bajo una apariencia de roca, de roca roja, rojo tomate.
Llegó el recreo y sentí como se me desprendía la armadura de la piel. Agarré un cigarrillo y me fui al lugar de Daniela a ver su dibujo. El profesor salió del aula. Pero la mayoría nos quedamos porque hacía frío y el bar de la escuela era tristísimo y gélido. En los recreos es habitual que los modelos se vistan y salgan a tomar algo, o al baño. Pero Jórgano (llamémoslo así a falta de recordar su nombre) se quedó con nosotros y no se vistió. Estuvo la media hora del recreo desnudo, fumando y paseándose por los tableros para ver cómo lo habíamos dibujado. El aura asexuada de un modelo posando se desvaneció de golpe porque ya no estaba posando. Ahora era un tipo en pelotas, tranquilo como en playa nudista buscando relacionarse con nosotros. Era cómico ver a Jórgano acercarse a Gabriela en bolas y hablarle animadamente, mientras Gaby – del grupo tomate- desplegaba la sonrisa social y respondía lacónicamente. Jórgano estaba en su salsa, caminaba por la cálida sala, se rascaba sin pudor, manoteaba de cuando en cuando lo suyo; parecía no percibir cierta incomodidad en el grupo, o quizás no le importaba, o quizás le agradaba. María estaba que trinaba y el espacio blanco seguía vacío. Nos habló a un grupo para convencernos de hablar con el profesor para que Jórgano se pusiera slip, que era una ofensa para las mujeres y cosas por el estilo. Negamos la moción argumentando que lo natural debía ser que un modelo masculino estuviera tan desnudo como una modelo mujer. Ella no habló más del tema y se fue contrariada.
Cuando terminó la clase enrollé con descuido mi dibujo, sabiendo que lo iba a tirar. Nos fuimos con Dani a la parada del colectivo muertas de risa, descontracturadas del todo, hablando casi a los gritos, riendo hasta llorar. Para tomar el colectivo vacío fuimos caminando unas cuantas cuadras hasta la terminal – la facultad de Derecho- atravesando París, así llamaba Dani a las cuadras de Recoleta que nos conducían a la facultad: Alvear, desembocando en La Biela , Centro Cultural Recoleta, puente de Libertador. Nos fumamos un pucho en una plaza y hablamos del miembro, nos confesamos -muertas de risa- que gracias al paro de modelos habíamos conocido uno en cuerpo presente, encima descomunal, demasiado grande dijimos. Nos reímos pensando en que a los diecinueve años pudimos conocerlo gracias a Bellas Artes, que era un bajón esa anécdota: ¡recién lo conocí por un modelo!
Jórgano no vino más. Volvió Slip verde y una compañera le preguntó si se podía sacar el slip.- De ninguna manera, dijo él, encorvado y molesto. Ante la insistencia, mencionando que las modelos sí se desnudaban, él se siguió negando, argumentando que su gremio lo amparaba. Nunca había visto esos destellos de furia en los ojos del modelo, por la apasionada defensa de su decisión de usar ropa interior.
Slip verde siguió con nosotros también el siguiente año, con su habitual gesto y su pose encorvada. Seguimos con él tratando de que no nos contagiara la melancolía hasta que llegó Valentín … pero esa es otra historia.
                                                                           A.C ©


                               

           

3 comentarios:

  1. ...esperamos la historia de Valentín...

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    1. La historia de Valentín está en http://desgenerandonos.blogspot.com.ar/2015/03/valentin-y-valeria.html

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