viernes, 27 de marzo de 2015

Espejos







Donde se narra – entre otras cosas- una escena de autoerotismo en la pubertad

Tras cerrar con llave la puerta de la habitación, bailaba frente al espejo toda pintarrajeada y con la ropa que tenía a mano. La música en inglés decía lo que ella quería. Se imaginaba un público, luces que presionaban la piel, y sentía ganas de que nunca terminara ese momento de juego y de placer,  donde no hay planes de nada y donde todo se desenvuelve de una manera que pareciera seguir un texto ideal. Se animaba a tal despliegue que se sorprendía a sí misma de lo que podía hacer con el cuerpo, hasta donde llegaba a levantar una pierna, cómo giraba la cadera con ritmo, era apasionante. Los labios ya no aguantaban tanto rouge (seguramente viejo, regalo de la tía cuando ya no lo usaba y seguramente regalo usado de la Teresa, la Chochi, la Cata o la Pupi ) y ardían un poco, los ojos ya se ponían medio fieros de tanto lápiz negro y rímel ; el pelo batido como león joven; parecía otra, quizás una prostituta y le gustaba. Después, no sabía bien cómo venía el rayo breve de alto placer y de un plumazo se veía disfrazada , fea y avergonzada , entonces  rápidamente se sacaba la pintura viendo aparecer en el espejo a la nena tímida que era día tras día cuando estaba con alguien, con los otros.
Once o doce años tenía, y cerraba la puerta del placard del espejo,  que era para ella otra puerta más que una superficie reflejante. Como la ventana albertiana que encarnaba el cuadro al óleo, para la nena el espejo era un mundo soñado que brillaba, eso por un rato claro, después era sólo un espejo. Y después, si no había tarea se iba a jugar con las muñecas barbies, porque hasta los trece jugué con las muñecas, medio a escondidas porque me daba vergüenza que lo supieran los demás, por ejemplo me escondía de mi hermana porque se lo contaba a los amigos y se cagaban de risa. Creía por lo tanto que ya era grande para jugar con las muñecas, pero me gustaba tanto que corría a encerrarme en el lavadero donde tenía armados varios escenarios: como el de la pileta funcionando como piscina (de las barbies y Tom, el Temerario se llamaba el muñeco) Las historias que armaba eran de amor, con final feliz, basadas en el cine de Hollywood que veía por la televisión, desde Casino Royal a las de Doris Day. Como no podía dejar de jugar y creía que eso era “anormal” y yo quería ser normal… (en la familia ya había habido un loco, Mario, el primer esposo de la Nélida… exagero un poco en la comparación pero me vino a la mente) un día envolví a las muñecas y al temerario y até el paquete con varios lazos. Ya me habían dado el primer beso, me pareció asqueroso y terminé con el chico. Una tarde fui corriendo al lavadero y desaté el paquete y volví a jugar, pero con un sentimiento de derrota, que con el tiempo sentí tantas veces, como ayer, cuando una alumna me dijo que se aburría en mi clase y otra se sumó… no me gustó ese espejo. Me sentí como aquella nena que quizás ató muy fuerte las muñecas y se olvidó de cómo era jugar.
                                                                       A.C 



6 comentarios:

  1. me trajo recuerdos...yo también me encerraba y disfrazaba...y exitaba
    Aye

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  2. y quizas todavía no conocíamos la palabra orgasmo
    A.C

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  3. que recuerdos... yo aprovechaba cuando sabia que mis padres se iban a ir y ya pensaba la escena para masturbarme, me ponía ropa sexi que le sacaba a mi hermana mayor.. y ta,bien me miraba en el espejo, uno pequeño, donde no se me viera la cara.. Yo ya sabia que era un orgasmo y me pasaba igual cuando terminaba, esa sensación de vergüenza y culpa... Me pregunto si podria haber sido distinto, disfrutarlo de otra manera, mas natural, como seguramente lo experimentaban muchos hombres.

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  4. Tengo 47 años , puedo hablar desde mi generación, pienso que las mujeres lo vivíamos como cuentan con culpa o verguenza, pero los hombres que he conocido de mi generación contaban que jugaban a hacerlo en grupo, que algún amigo ma´s grande les enseñaba, que lo vivían sin culpas, sólo disfrute y hasta juego. No sé se seguirá siendo así en los tiempos que corren, supongo que no será todo tan culposo.
    Nora

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  5. Conocí a mujeres que dijeron que nunca se masturbaron, es más, nunca se habían visto sus genitales con un espejito

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  6. en realidad el primer beso no fue a los 13 , un día lo contaré bien, ese fue el asqueroso...

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