viernes, 13 de marzo de 2015

Valentín y Valeria

Donde se narran las impresiones sobre la ambigüedad de género


Allá por 1987, y tras la vuelta de slip verde, seguimos en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón estudiando el cuerpo de los modelos en las clases de dibujo y pintura. Pero también había vuelto Ema, la señora que nos había posado tantas veces. Sucedió que Ema no vendría más y el profesor de pintura avisó que la reemplazaría  un modelo varón. El profe de pintura no estaba mucho en clase, paseaba entre los caballetes emitiendo frases del tipo: “– cuidado con ese rojo” o “ me gusta ese improntus” … mucho hablaba del improntus y se daba por sentado que todos entendíamos a qué se refería; con Daniela lo imitábamos y nos reíamos mucho. Miguel Ángel Vidal era el nombre del profe y para nuestra sorpresa pasó que un día, caminando por las librerías de Corrientes- vimos su nombre en un fascículo dedicado a él, que formaba parte de una colección sobre arte argentino. Conocíamos pocos artistas argentinos y no sabíamos que él era uno consagrado. Tenía un estilo muy efusivo de hablar, para mí se asemejaba a un ladrido, por lo ronco y potente, y lo comprobé cuando me recibí y él me dio el diploma exclamando: ¡¡¡Éxitos!!!, y me sonó como un ladrido cortito y exclamativo…guauéxxitos!!! O ¡jéxitos!, es difícil de escribir, se entiende mejor con audio.
Llegó la clase donde conoceríamos al modelo, ya estábamos curtidas con Daniela tras el modelo exuberante (ver la entrada El paro de modelos :  http://desgenerandonos.blogspot.com.ar/2015/02/el-paro-de-modelos-hace-unosdias-me.html   ) 
Cuando entré al aula ya había compañeros preparando sus hojas  en los tableros, lo que hice. Frente a la tarima donde posaban los modelos estaba Vidal con una chica de unos veintipico, Sara me informó que era la modelo, dato que me sorprendió ya que esperábamos a un varón. La chica era bastante alta, con pelo oscuro, largo, y flequillo; delgada y linda.
La modelo comenzó a desvestirse, quedando en slip, sí, era un slip blanco que dejaba identificar genitales masculinos, si bien Valentín- así lo nombró el profesor-  tenía incipientes senos de mujer. De inmediato pensé… ah, es un travesti (escuché decir que es discriminador decir “un travesti”  y que hay que decir “una” si la apariencia es femenina , y viceversa si es masculina. Qué espeso es el entramado de signos que tejen la cultura – como decía Clifford Geertz-  y qué invitados estamos a discriminar sólo por ignorar códigos.
Vidal paseaba entre los tableros con si improntus y de cuando en cuando se dirigía a Valentín llamándolo con ese nombre.
Me sorprendía que teniendo senos y con su apariencia – al estar vestido sobre todo - femenina, se lo llamara Valentín.
Cuando pinté a Valentín sentí que tenía que definir la imagen en la polaridad masculino- femenino y me decidí por Valentín, dibujando un varón, resaltando la musculatura y obviando los senos. Me enfrentaba a mis prejuicios, mi ignorancia, y no podía pintar la ambigüedad. Las taxonomías calman, manejarse en el binomio femenino- masculino eligiendo uno: calma.
Y ahora sigo hablando de Valentín y masculino, aunque se mostrara al vestirse femenino, pero quiero recordar lo que sentía al verlo. Yo quería tratarlo lo más educadamente posible – como siempre trato de relacionarme con los demás- y en los descansos de las poses, cuando se acercaba a conversar, me cuidaba muy bien de hablar sin especificar el género, diciendo por ejemplo: ¿sentís  cansancio? En vez de preguntar: ¿estás cansado/a?
Un día la encontré en el baño de mujeres y charlamos un poco. Era muy simpática, y creo recordar que usaba lentes de contacto azules. Muchos signos me estaban indicando que debía hablar con ella usando el femenino, pero Vidal seguía con Valentín, y yo, quizás por mi infantil alineamiento con la autoridad de un profesor, también la llamaba Valentín.
Y así seguí pintando a Valentín, la mayoría de las veces como varón. Esto me hace acordar a una performance de la artista trans Effy (http://www.effymia.com  ) donde ella posaba cubierta con una tela con los hombros al descubierto y los espectadores estaban invitados a dibujarla, la dibujarían como mujer o como hombre o cómo. Hay unas historietas muy potentes de Effy donde cuenta las drásticas dificultades al moverse en lo cotidiano con su apariencia, que debe modelar en distintas ocasiones, mostrándose varón – en el trabajo- o mujer, en otras esferas, aguantando comentarios hostiles.
Terminó el año en Bellas Artes y al comenzar uno nuevo, ya no tuvimos a Valentín de modelo. No la vi más hasta un día , un año después en el 124. Venía de Barrio Norte, en el asiento largo de atrás, al lado de dos estudiantes de derecho que hablaban sobre la facultad. De pronto, una mano se sacude saludando frente a mis ojos y la veo: Valentín, aunque con muchos cambios, su look era más femenino, tenía reflejos rubios en el pelo, los lentes azules, maquillada y bella como siempre. ¡Hola! Me saludó entusiasmada y yo…ay de mí… le dije ¡Hola Valentín!, no sé si lo soñé, pero creo que no, que le dije así, y ella me respondió: Valeria, soy Valeria. ¡Qué bueno! Le dije, y lo pensaba de verdad, cuanta calma producen las definiciones netas. Los jóvenes estudiantes de al lado murmuraban mirándonos, como aquel viejito de gafas que fue a cambiarse los lentes.
                                                              
                                                                                            A.C


2 comentarios:

  1. Llegué al blog de casualidad.No conocía a Effy y su obra, gracias ! muy buena la historia.
    Marisa

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  2. Gracias! sí, tampoco conocía a Effy Beth, lamentablemente fue por la noticia de su suicidio, del que me enteré en el facebook del artista Juan Cuello; su obra es conmovedora. Y , volviendo a la historia contada, siempre pienso qué será de la vida de Valeria!

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