viernes, 30 de octubre de 2015

Honesty. 1979

Si lo escribo me lo olvido, así dicen, que si contamos algo pierde nitidez el hecho y crece en la memoria su entidad como relato. Es decir, me acuerdo de la anécdota contada más que del suceso vivido. Pero: ¿nos queda algo cierto en la memoria de ese suceso, en relación a lo fenomenológico o nos acordamos un relato filigranado, trabajado, por la memoria y sucesos posteriores? Este preámbulo hace referencia a que hace poco escribí sobre un recuerdo de mi niñez, mi pubertad, y mientras escribía las imágenes se desgranaban en la pantalla mental, pero  ¿cómo es posible que en mi recuerdo me viera a mí misma en todo momento , visión imposible de tener, salvo que hubiera espejos por todos lados, y no era el caso. Voy a la anécdota : a los 12 años estaba enamorada del hijo de mi maestra de séptimo grado. Todavía no había tenido mi primer beso . Con Pablo, así se llamaba, nos vimos en un baile y ni bailamos. Cumple de Sandra, él invitado, añoro el momento. Viene con un amigo rubio de ojos celestes. No me gustaban los chicos rubios de ojos celestes, al menos, usaba esa muletilla al hablar de varones. El hijo de la maestra saca a bailar a Sandra en el lento Honesty de Billy Joel. Con esa canción dibujaba fantasías con él cada vez que la escuchaba. El rubio me saca a mí. Acepto. Su perfume irradia y a la vez me envuelve. Me siento temblorosa , soy tímida. Todas mis fantasías románticas se plasman en ese baile. La canción me encanta, y me agrada la proximidad con el chico, del que no me acuerdo el nombre. Me mareo pensando en cómo puede gustarme  si estaba enamorada hace cinco minutos, pero me recorto con el chico perfumado y vuelo con el viento de diciembre bajo la luna de una noche estrellada y perfumada. Me recorto con él y experimento eso de sentir que en el lugar sólo estamos los dos, alrededor todo se desdibuja, se silencia. Él tenía una camisa blanca y creo que pantalones negros y el fuerte aroma y sus manos en mi cintura de pollera blanca , fucsia y turquesa, plena moda. Estaba arrobada. No pasó nada más con el chico y ni me acuerdo si bailé algo más , sólo Honesty, su perfume y la confusión del romanticismo y las hormonas. Hace poco , en Facebook, vi una foto de estos famosos asaltos de fines de los 70, vi sólo niños bailando , bastante separaditos, y me acordé de mi baile con el rubio…
Durante estos años  escuché la canción alguna vez y viajé como un flash a aquella noche. Haciendo memoria para contarlo ,los detalles se desdibujan, pero sintonizo las sensaciones  aquellas, que otras veces sentí, la sensación de una emoción de dulce y brillante ansiedad, de que algo intenso está pasando.

        

A.C     En breve subo el relato primero

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