jueves, 28 de julio de 2016

TRES FANTASÍAS



                                                   
                                                        La fiesta está en otra parte (2005)




En largos viajes en colectivo enhebro fantasías de todo tipo, como supongo hacen todos, tres de ellas tomaron la forma de cuentos, y hoy los comparto en este Desgenerándonos, espacio  de  “de todo un poco”.


El primero se me ocurrió un día de lluvia. Se trata de un hombre de unos cuarenta años, trabaja en oficina…y no sé mucho más, sólo que este hombre piensa que es desafortunado por algo en especial: no tiene el suficiente dinero para llevar a cabo ciertos productos innovadores  y no sabe cómo obtenerlo, o más bien ve como  imposible que alguien invierta en ellos. Se siente muy talentoso, un genio sin descubrir. Es tímido, sólo va de casa al trabajo y viceversa, viaja asiduamente en colectivo, donde alcanza su climax de ideas originales. Su timidez le impide pensar en cómo conseguir dinero para materializar en productos sus ideas. La escena de pedir un crédito en el banco le parece tan osada como desnudarse en la oficina frente a sus compañeros. No recuerdo sus inventos, sí al menos uno: un gancho para colgar el paraguas en el asiento del colectivo de adelante cuando se viaja sentado, y cosas por el estilo. En noches de copas confía en algún amigo su infortunio de carecer del dinero suficiente para sentarse a proyectar sus miles de  ocurrencias para hacer más amable la vida cotidiana. Las ideas bullen en su mente, lo asaltan de improviso al encontrarse con algún inconveniente … y zas… imagina la solución ¿Cómo llamaría a este hombre? Pongámosle Mario. Sucede que Mario juega al Loto y gana varios millones. Deja su trabajo, compra unas propiedades, invierte algún dinero en acciones , aconsejado por una prima asesora de finanzas. Mario se encuentra con su deseo cumplido: tiene su dinero, tiempo para proyectar, y planea a partir de un mañana ir a un cuarto luminoso de su nueva casa a idear su futuro como inventor. Llega ese mañana, mira sus garabatos en libretitas y elige unos diseños. Se dirige a variados comercios en busca de materiales y fabrica esos objetos. Su movida fracasa, una vez en el mercado, a nadie interesan. Parece que  esas necesidades eran sólo de Mario y sus pruritos, como el de olvidar el paraguas en el colectivo y por eso diseñar un porta paraguas, que se podía programar con un tiempo que se aproximara al del destino y una luz titilante y una voz avisaran “ no me olvides” o “ aquí estoy”. Mario se dio cuenta que estuvo muchos años pensando sus productos y si se hubiera atrevido a poner en práctica alguno, hubiera contrastado su eficacia en la realidad y hubiera podido modificar su “ invento” , cambiar los diseños, o enfocar sus proyectos en otros sentidos. Se amargó francamente. Se deprimió. Fue al psicólogo, éste lo derivó al psiquiatra , quien le dio paroxetina, droga que le daba mucha energía , mucha, pero poco enfoque de hacia dónde dirigirla. De a poco se la sacaron, se consoló con otras cosas y no supe más de él, sólo sé que murió viejito y bastante sabio, al menos daba consejos de luminosa sensatez.


El segundo se lo conté a mi amiga y me dijo que hay una película con ese mismo argumento, pero no se acordaba cuál era. Seguro que no la vi, y ahora cuento: se trata de una mujer de treinta y siete años. Le fue mal en muchos aspectos menos en el económico ( era de familia adinerada y había ella misma contribuido a engrosar el patrimonio) y quiere acabar con su vida lo más rápido posible, pero no se anima a suicidarse. En relación a esto último, hurgó en varios métodos y se le heló la sangre, en consecuencia concluyó en que no era capaz. ¿Cómo desparecer ya? En una noche febril, donde llueven infinidad de ideas, de pronto ve perfilarse una nítida y brillante: hacerse matar con un disparo. No planeé cómo pero contacta a un sicario y le encarga que la mate. El sicario era muy certero y profesional, quiso saber muchos datos de Lucía. Y ella, en un momento de desesperación, cuando definieron el tema del dinero, le dijo que si no la encontraba en su casa a partir del 24 de julio la buscara por la faz de la tierra, y luego,  cuando la matara, un secretario le daría tres millones …y pongamos de dólares. El sicario – quien se hacía llamar Bala de Plata-  tuvo un importante adelanto y lo esperaba el botín mayor. Lucía prefería que él la buscara y morir por sorpresa en vez de pactar un día y hora y esperar aterrada. Partió el 23 de julio para Valle Grande, Mendoza,  a una bella cabaña junto al río Atuel que inundaba con su trama sonora todos los momentos , sobre todo el alba y la noche donde los sonidos cotidianos merman y el murmullo del agua destaca. Lucía durmió con cierto desasosiego pensando que Bala de Plata estaría a su caza a partir de mañana. Empieza a nevar y ya el verde del pasto es un blanco celestoso. El administrador de las cabañas le ofrece un chocolate caliente tras golpear la puerta a Lucía. Ella se siente sin inhibiciones, en breve morirá, el administrador le resulta atractivo, lo invita a tomar el chocolate en su cabaña, y tras seducirlo y ver que él se siente atraído, hacen el amor. Lucía no cree haber gozado alguna vez como esta (quizás, la proximidad de la muerte le da tanto vértigo ) y a él se lo ve también gozoso..Lo hacen de nuevo, se besan como saboreando dulce de leche de la cuchara. Beben unos wiskies y se cuentan mucho de sus vidas, así por horas, no pueden dejar de acariciarse. Ella recobra sus ganas de vivir, no sólo por el bombón, quizás el moverse de lugar, el viajar unos kilómetros la hizo mirar desde otra perspectiva su vida y su futuro. A las siete de la mañana el administrador se va a su puesto con la piel lustrosa de tanta fricción. Ella se siente como después de una sesión de masajes o de una ducha tras clase de gimnasia. Una sonrisa se le dibuja en los labios …pero…¡el sicario! Ya no quiere que la mate, no, por nada del mundo, pero ¿cómo contactarse con él? ¡Quemó su número después de llamarlo de un locutorio del centro! Y así Lucía se convierte en fugitiva, como la serie que veía de chica : El fugitivo o también como El Increíble Hulk, o la película Los miserables, todas historias de vivir sintiéndose perseguido. Y así vive por todo el mundo, conociendo amores de pocas noches, visitando museos y demás, su dinero se lo permite. A la certeza de la muerte natural que le da sentido a la vida ( como  dice Monteiro Rossi  en el Sostiene Pereyra de Tabbuchi) ahora Lucía debe agregar la incerteza de la muerte a manos del sicario, lo que le da un sentido todavía más fuerte al día a día. Si el sicario la encuentra o no, no lo pensé,  la historia termina así.


Por último , la tercera historia. Un hombre vive con su familia en una casa en Villa Luro, una casa con una pared alta y un portón que hace las veces de puerta de garaje y de la casa. Por algunos años la pared había estado ajada, deslucida, despintada. Raúl , así se llama el hombre, logra reunir con su pareja cierto dinero para arreglar la casa y pintar el frente. En la cuadra de Juan Agustín García es la única casa tan dejada. Lo pinta de un color tostado que él mismo forma mezclando los pomitos en la base blanca. Durante el fin de semana pinta. Queda reluciente y la familia está feliz. A los dos días, la hija llega de bailar y despierta a la pareja anunciando a los gritos que pintaron con aerosol el frente. Raúl salta de la cama a pesar de la hora y el frío invernal y se encamina a la calle, rápidamente abre el portón y ya de frente al paredón ve una gran palabra escrita con aerosol azul. La palabra era NUNCA. La pintura ya estaba seca y había chorreado en algunos tramos. Raúl se sintió enfurecido y a la vez paralizado frente a la imagen que arruinaba su pintura. Fabiana apareció muy arropada a ver qué pasaba y se quedó perturabada mirando, lo tomó del brazo a su marido y lo condujo al interior de la casa. Al otro día Raúl tapó el NUNCA con la pintura tostada que le había sobrado, le dio tres o cuatro manos a la palabra que medía más de un metro de ancho. A los dos días, cuando Fabiana llega del trabajo ve enfurecida la misma palabra NUNCA otra vez en el frente. Enojo. Transurren los días hasta que el fin de semana vuelven a taparla. Y así, a los pocos días nuevemente la palabra chorreante vuelve a aparecer. La familia habla con vecinos, nadie había visto nada. Un familiar era policía, le comentan lo que sucede y éste se ofrece a enviarle a un compañero que anda por la zona para que vigile. A pesar de la vigilancia y ya que no comprendía las 24 horas… el NUNCA vuelve a parpadear en el muro , que ya muestra la superficie en relieve y con algunas grietas por las pintadas sucesivas. A quién recurrir? La cuadra no tiene cámaras y la familia no está en condiciones de adquirir una. El nerviosismo se apodera de ellos, los amigos le aconsejan que se relajen. Y así, por dos meses , dejan la palabra sin intervenir. Hasta que Raúl hace otro intento pintándola y al tiempo se la vuelven a escribir. Entonces sucede algo muy distinto. Un sábado a la noche vienen amigos de la pareja a cenar, un grupo grande , se divierten mucho, y beben vino jugando a degustar cepas  con los ojos cubiertos o con las etiquetas tapadas. Cuando se van los últimos amigos ,el estado de Raúl es de una embriaguez importante pero que todavía lo mantenía en pie. Entonces, visualiza una acción y la lleva a cabo. Sale a la puerta con una lata de un viejo esmalte sintético negro y un pincel bastante grueso y al lado del NUNCA  escribe un tembloroso MAS. Sí, aludía a la frase que reclama hasta hoy que no se repita el genocidio de la última dictadura en la Argentina. Raúl se sintió pleno, le había gustado pintar la palabra.Su mujer y su hija se sorprendieron con la actitud pero la celebraron. Raúl parecía el mismo zen de antes del primer NUNCA en la pared, muy distinto al turbado de este último tiempo. Por unos días no pasó más nada en la pared, sobre la frase algún vecino preguntó, nada más.Pero a la semana, un frío sábado,  una nueva palabra continuaba la frase, como si se tratara de un juego, de un cadáver exquisito destapado. PENSÉ aparecía escrita con pintura roja. Raúl fue a la pinturería del barrio y compró unos esmaltes en aerosol, los colores primarios y dos flúos. Allí lo asesoraron sobre su uso. El domingo al mediodía pintó con letras multicolores la palabra OLVIDAR , la que había escogido al azar del periódico, después de pensar qué palabra escribir y no ocurrírsele. Y así, pasaron los días, la persona X continuaba la frase y lo mismo hacía Raúl. NUNCA PENSÉ OLVIDAR TUS OJOS se podía leer en el muro. Y así se fue armando un frente con una frase que mostraba partes libres y otras superpuestas, hasta llegar a tramarse puras superposiciones, de diversos colores y tamaños de letras, creándose un florido palimpsesto. Hasta que Raúl ya no distinguió si había alguna palabra nueva en semejante urdimbre , y dejó de escribir, de pintar. El frente – de unos 10 x 4 metros- realmente emanaba vida y según muchos: belleza. Pasadas varias semanas, Rául extrañaba pintar el muro, pero sentía que sobraría un nuevo signo en la pared. Los aerosoles estuvieron guardados durante dos años en el lavadero. La vida transcurrió sin ellos, hasta una soleada mañana de septiembre. Faltaba un mes para las elecciones nacionales y los afiches con políticos se deplegaban sobre muchos muros. Había uno en particular, que Raúl miraba cada vez que iba a trabajar :un afiche del candidato que para él representaba el futuro más oscuro para el país. La imagen mostraba en plano medio al político al volante con un gesto que pretendía mostrar seguridad y estaba acompañada por un texto que decía: Sé conducir un país ,seguramente en alusión a las dudas expresadas en sondeos de opinión sobre las capacidades de un empresario para gobernar bien un país, esto es: sin tantas asimetrías, gobernar para todxs. Esa mañana , al ver el afiche Raúl alumbró una idea y pensó en sus aerosoles. A la vuelta del trabajo fue rápido al lavadero y los buscó, probó en un papel de diario el trazo y vio que dos estaban tapados, fue a la pinturería y le vendieron puntas de aerosol nuevas, eligió el trazo deseado y volvió a casa. Era viernes y tenía cosas que hacer , así que el sábado se levantó a las cuatro de la mañana, hora en que la ciudad estaría bastante desierta pensó. Cargó sus aerosoles en una mochila en su espalda, se tomó el 106 y se fue al centro. Una vez frente al afiche , sacó un aerosol negro y agregó un NO a la frase Sé conducir un país. Tapó con gracia algunos detalles para que el aerosol quedara como parte de la imagen. Y así, siguió con unos afiches más que había en los alrededores. Había algo de gente, pero nadie lo miró. Se sintió exultante. Volvió a su casa, le contó a Fabiana como salió todo, y ella le dijo que quería sumarse en la próxima. El lunes rumbo al trabajo Raúl vio con una sonrisa su afiche intervenido. Pasados dos meses conoció por internet grupos de activismo visual, como Mujeres Públicas o Proyecto Squatters, de activismo contrapubliciatrio. Así, Raúl y Fabiana continuaron algunos sábados interceptando afiches en la vía pública, expresándose y a la vez intentando contribuir  a pensar una sociedad más independiente de los imperativos de la publicidad, de la política, de los imperativos del discurso hegemónico. Todo estaba bien, fluía; la casa de Juan Agustín García seguía con su muro abigarrado de frases… pero nunca supieron quién empezó con las palabras. Vivieron tranquilos con esa incertidumbre, después de todo estamos tan acostumbrados a vivir con ellas.
                                      


                                                            A.C  




4 comentarios:

  1. Muy bueno, Me gustó más la segunda historia, podría ser más larga. saludos a todxs! Rita

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  2. Yo tambien me siento un genio oculto...

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  3. Compremos aerosoles y salgamos a las calles

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  4. A buscar pokemons!!!

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